La primera de Rossi con Yamaha

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El 18 de abril de 2004, el paddock de MotoGP presenció uno de los momentos más disruptivos de la historia del motociclismo deportivo: Valentino Rossi ganó en su primera carrera con Yamaha en el ya legendario Gran Premio de Sudáfrica, en el Circuito de Welkom.

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El trasfondo era explosivo. Rossi había conseguido tres mundiales y 33 victorias con Honda, pero cansado de los comentarios que atribuían sus éxitos a la superioridad de la moto, decidió demostrar que el factor diferencial era él. Yamaha, en cambio, atravesaba una mala racha desde 1992 -año de su último título, con Wayne Rainey- y apenas había sumado una victoria y tres podios en los dos primeros años de la era MotoGP (2002–2003).

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La Yamaha YZR-M1 -motor de cuatro cilindros en línea de 999 cc- no era la máquina más potente del paddock, pero en manos de Il Dottore fue suficiente. Rossi ganó tras un largo duelo con Max Biaggi, con Sete Gibernau cerrando el podio.

La imagen que quedó grabada en la memoria colectiva fue la de la vuelta de honor: Rossi se detuvo junto a la M1, se arrodilló y besó el carenado. Sus propias palabras lo describen: «Aquel instante a solas con la M1 resultó un placer indescriptible, una sensación muy hermosa. Estuve saboreando el comienzo de algo que tenía la certeza iba a ser muy bueno».

Tenía razón. Ese fue el primer capítulo de una sociedad que le daría cuatro títulos mundiales más y redefinió los límites entre piloto y máquina. (RG).