Tommi Mäkinen: El finlandés que construyó una dinastía sobre el barro
Cuatro títulos mundiales de rally consecutivos, cuatro versiones del mismo coche, un solo equipo. Tommi Mäkinen ganó el Campeonato Mundial de Rally de forma ininterrumpida entre 1996 y 1999, siempre al volante de un Mitsubishi Lancer Evolution. Una hazaña de consistencia que, en el WRC, no tiene equivalente bajo las mismas condiciones: mismo fabricante, cuatro años sin ceder el trono.
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Cada temporada tuvo su propia lógica técnica. En 1996 pilotó el Lancer Evo III y firmó cinco victorias en nueve rondas. En 1997, con el Evo IV arrebató el título a Colin McRae por un solo punto en un dramático final en el Rally de Gran Bretaña. El 1998 fue aún más cinematográfico: Mäkinen encadenó seis abandonos en trece pruebas, pero ganó cinco veces, y el título se decidió cuando el Toyota Corolla de Carlos Sainz se detuvo a pocos cientos de metros de la línea de meta en el parque de Margam. En 1999, el Evo VI cerró el ciclo y Mitsubishi se llevó también el título de constructores.
Mäkinen acumuló 24 victorias en el WRC a lo largo de 139 rally disputados, con 362 Pruebas Especiales ganadas. Sus rivales directos en esos cuatro años se llamaban McRae, Sainz, Kankkunen y Burns -la generación más competitiva que había visto el rally hasta entonces. Ganar cuatro veces seguidas contra ese pelotón no fue suerte: fue una combinación de agresividad controlada al volante, una alianza técnica sólida con Mitsubishi Ralliart y una gestión de riesgos que sus contemporáneos no siempre supieron calcular.
Lejos de desvincularse del deporte al retirarse, Mäkinen fundó su propia compañía de preparación de coches de rally y en 2016 asumió la dirección de Toyota Gazoo Racing WRC, llevando al equipo japonés al título de constructores en 2018 y al de pilotos en 2019 con Ott Tänak. (RG).
