Safari Rally: Cuando terminar era ganar

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Diego Dominguez

En el calendario del WRC existe una prueba que nunca perteneció del todo al mundo de los rally convencionales.

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El Safari Rally de Kenia no se midió históricamente en décimas de segundo, sino en kilómetros sobrevividos. Las tripulaciones recorrían miles de kilómetros atravesando Kenia, Uganda y Tanzania, sin carreteras cerradas al tráfico, apenas checkpoints remotos en plena sabana africana.

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Las condiciones eran -y siguen siendo- brutales en términos mecánicos. La lluvia torrencial convertía pistas en pantanos impracticables; el calor extremo y la arena “fesh-fesh” -polvo volcánico ultrafino- destruían filtros, juntas y sistemas de refrigeración. En la edición de 1973, primera del WRC, el dato habla por sí solo: de los 89 equipos que tomaron la salida en Nairobi, solo 18 llegaron a la meta -el 20,2% de tasa de finalización. La edición de 1998 no fue muy diferente: 49 coches en la largada, apenas 19 en el control final.

Esa lógica de supervivencia imponía una filosofía de pilotaje radicalmente distinta. La velocidad pura no era suficiente para ganar aquí. La fiabilidad era la reina. El terreno brutal significaba que los pilotos más inteligentes y estratégicos solían imponerse. La prueba regresó al WRC en 2021 tras años de ausencia, y su ADN sobrevivió intacto: de 52 coches en la salida, solo 26 terminaron. En 2023, arrancaron 31 y clasificaron 20.

En la edición 2026, disputada en marzo, Takamoto Katsuta y Aaron Johnston (Toyota Gazoo Racing) se impusieron con 40 coches en la salida y 29 en la meta -todavía un 27% de deserción con la tecnología actual. En el Safari, el trofeo más honesto siempre fue el de completar el recorrido. (RG).