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Colin Chapman, el hombre que nació hace 98 años, el 19 de mayo de 1928 en Richmond, Surrey, no construyó coches de carreras: los reinventó desde cero. Fundador de Lotus, su legado es inseparable de los siete Campeonatos de Constructores que conquistó el equipo.

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Todo comenzó en 1948 con un Austin Seven modificado, el Lotus Mk1, desmontado y reconstruido con obsesión por reducir peso. Era ya su filosofía de diseño en estado puro. En 1952 registró Lotus Engineering Ltd en Hornsey, y en 1958 el equipo debutó en la Fórmula 1 en Mónaco con Graham Hill y Cliff Allison. Curiosamente, el propio Chapman había pilotado un Vanwall en el Gran Premio de Francia de 1956 -su única aparición en F1 como conductor- aunque no tomó la salida tras un accidente en los entrenamientos chocando con Mike Hawthorn.

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En 1968, el Lotus 49 con la librea Gold Leaf Tobacco marcó un antes y un después: fue el primer monoplaza en la historia del Campeonato Mundial con patrocinio comercial externo, iniciando una era que transformó la economía del automovilismo global. Bajo su dirección técnica, Jim Clark, Jochen Rindt, Emerson Fittipaldi, Graham Hill y Mario Andretti se consagraron campeones del mundo. Chapman no solo diseñaba chasis; redefinía los límites del reglamento técnico. El monocasco de aluminio del Lotus 25, el efecto suelo del Lotus 78/79 y la suspensión activa -probada por primera vez precisamente el 16 de diciembre de 1982, el día de su muerte- son innovaciones que hoy siguen siendo referencia en la ingeniería de competición. Falleció a los 54 años, víctima de un infarto. Su hijo Clive mantiene viva la llama desde Classic Team Lotus en Norfolk. (RG).