La historia de un grande: Ronnie Peterson

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Un 10 de septiembre marcado por la gloria y el dolor: el último título de Pilotos y Constructores de Lotus, ensombrecido por la pérdida de una leyenda sueca. Cada 10 de septiembre, la memoria de la F1 vuelve al Gran Premio de Italia de 1978, una fecha que combina triunfo deportivo y tragedia.

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Ese día, Niki Lauda, al volante del Brabham, se llevó la victoria por delante de su compañero John Watson y del Ferrari de Carlos Reutemann.

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Pero Monza no quedó en la memoria por ese resultado, sino por lo que ocurrió en la primera curva.

Una colisión múltiple en la salida desató una reacción en cadena que lanzó el Lotus de Ronnie Peterson contra las barreras de contención, partiendo el monoplaza en dos antes de que se incendiara.

James Hunt y Clay Regazzoni no dudaron: se metieron entre los restos del auto para sacar a Peterson con vida, un gesto de coraje que quedó grabado en la historia del deporte motor.

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Trasladado de urgencia, los primeros diagnósticos indicaban que sus lesiones en las piernas no comprometían su vida.

Sin embargo, esa misma noche fue operado y, horas después, un coágulo derivó en un embolismo que lo llevó al coma; Peterson falleció en la madrugada siguiente.

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El desenlace deportivo de aquella temporada quedó atravesado por la pérdida. Mario Andretti, compañero de Peterson en Lotus, se consagró Campeón de Pilotos de 1978, mientras el equipo inglés sumó también el Campeonato de Constructores.

Andretti sigue siendo, hasta hoy, el último piloto estadounidense en ganar un título mundial de F1 y apenas el segundo en la historia en lograrlo. Aquellos resultados representan además los últimos títulos de Pilotos (6) y de Constructores (7) que Lotus sumó a su palmarés, un cierre agridulce para uno de los equipos más innovadores que tuvo la categoría.

Casi cinco décadas después, el nombre de Ronnie Peterson sigue siendo sinónimo de talento puro y de una época donde la seguridad en la F1 todavía tenía una deuda enorme con sus pilotos. (RG).