Histórico triunfo de Stirling Moss
Un 14 de mayo de 1961, Stirling Moss escribía una de las páginas más brillantes de la historia del automovilismo en las calles del Principado. Al volante del Lotus-Climax inscrito por Rob Walker, se imponía en el Gran Premio de Mónaco por segundo año consecutivo.
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La hazaña técnica es difícil de dimensionar hoy: Moss pilotaba un Lotus 18 (actualizado como 18/21) con un Climax FPF de cuatro cilindros, enfrentado a tres Ferrari 156 “nariz de tiburón” propulsados por el V6 Dino de 120°, una unidad netamente superior en potencia. La ecuación era brutalmente desfavorable sobre el papel.
Lejos de resignarse, Moss convirtió la inferioridad mecánica en ventaja táctica. En la primera mitad defendió con precisión quirúrgica al Ferrari de Phil Hill, quien acabaría tercero. En la segunda mitad, su adversario directo fue Richie Ginther, que llegó a presionarlo con intensidad antes de cruzar en segunda posición a solo tres segundos. Wolfgang von Trips, cuarto, sufrió un accidente en la última vuelta.
Esta carrera sigue siendo citada como arquetipo del pilotaje sobre el límite absoluto del vehículo: donde la técnica, la lectura de carrera y la inteligencia táctica compensaron la desventaja de potencia. Moss nunca fue campeón del mundo, pero actuaciones como esta explican por qué muchos lo consideran el mejor piloto sin corona de la historia. (RG).
