En Rafaela rinden homenaje al “Negro” Risso a 49 años de un gran triunfo

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Por César Insfrán

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A 49 años de un éxito inolvidable, el popular piloto Héctor Omar Risso, más conocido en el ambiente motor nacional como “El Negro”, revivió una de sus grandes conquistas en suelo argentino.

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La iniciativa se dio gracias a Mauricio Reutemann, sobrino del ex piloto de la Fórmula 1 Carlos “Lole” Reutemann, quien comúnmente visita nuestro país y que tiene una grata relación con la directiva del Club Atlético Rafaela, propietaria del autódromo de esa ciudad.

El emotivo encuentro de homenaje a Risso se vivió con la presencia del popular piloto, acompañado por su familia, entre hijas y nietos que sumaron 9 integrantes.

Al grupo también se sumaron varios compatriotas, amigos de Risso, pilotos y navegantes, así como preparadores que habitualmente asisten a las competencias del vecino país, como el popular “Chongo” Vázquez.

La fiesta se inició el sábado a la noche con una cena ofrecida por la familia Reutemann en el mismo autódromo de Rafaela y siguió con un acto especial el domingo, a poco del desarrollo de la última fecha del Campeonato de Pista denominado Car Show Santafesino, o sea de de la Provincia de Santa Fe, de donde proviene la familia del recordado piloto argentino de la Fórmula 1.

En ese encuentro, el intendente de Rafaela, Leonardo Viotti entregó a Risso una plaqueta de reconocimiento que recuerda su gran éxito de 1976.

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En ambos encuentros la emoción del “Negro” fue intensa.

UN RESONANTE TRIUNFO QUE NO SE OLVIDA

Risso no solo tiene una rica historia en el Rally del Chaco de Paraguay, en el automovilismo de varias modalidades e incluso en el motociclismo.

En el año 1976, logró un éxito inolvidable en el Valle de Rafaela, Argentina. Hace 49 años, vale la pena recordarlo.

El 10 de octubre de 1976, el popular “El Negro” Risso logró un rotundo triunfo en su carrera automovilística.

“El Negro” fue invitado a unirse al equipo oficial de Fórmula 2 de Marlboro en Argentina, una categoría creada en el vecino país como algo similar a la Fórmula 1, pero por sus características era Fórmula 2.

Risso acababa de ganar el título de campeón de Fórmula Vee, la categoría de monoplazas de los años 1974 y 1975, que se desarrolló en el autódromo de Aratirí, hoy conocido como el Rubén Dumot.

El piloto aceptó la invitación de Miguel Ángel Napout, en aquel entonces uno de los principales directores de la compañía que representaba a Marlboro en el país, y que tenía a Franklin Kennedy como uno de sus principales ejecutivos.

“Así es, me convocaron ese año para dirigir la temporada completa de Fórmula 2 de 1976 para todo el país y ser el animador de una prueba que tuvo lugar nada menos que en la ciudad de Rafaela”, recuerda el popular piloto.

Allí Risso formaba parte del equipo que también integraba a figuras destacadas del automovilismo argentino, como Miguel De Guidi, y fue toda una novedad ya que representaba a un país con poco historia en el que se disputan categorías de carreras de pista.

El auto Negro llevaba los colores de la tabacalera norteamericana, el número 44, y utilizaba un chasis Crespi y un motor Dodge 1.600.

La presentación de su auto se realizó en el Hotel Plaza de Buenos Aires y contó con la presencia del campeón de la categoría, el cinco veces campeón mundial de Fórmula 1, el argentino Juan Manuel Fangio.

UN ESCENARIO ADMIRADO Y POPULARIZADO

Rafaela fue sede en 1976 de la primera edición de la F2 Nacional y hoy de las categorías tradicionales de Argentina que concentra todo el interés de un país donde el automovilismo, sin duda, está a la altura del fútbol.

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Rafaela alcanzó su mayor difusión en la década de los 70, cuando en 1971 fue escenario de un logro histórico para Argentina: la presencia de la carrera denominada “300 Millas de Rafaela” que recibió a los pilotos de la categoría USAC, que no era otra que Indianápolis, la más grande del parque automovilístico norteamericano.

Rafaela contaba con un trazado ovalado y fue en esta oportunidad que se proclamó vencedora Al Unser, el destacado piloto estadounidense con más de 30 años de trayectoria y con resonantes triunfos en las famosas 500 Millas de Indianápolis.

Las imágenes de esta Indy 300 en el Autódromo Ciudad de Rafaela dieron la vuelta al mundo y la escena se convirtió en una pista que incluso se proyectó en las grandes pantallas de cine de la década de los 70.

Este circuito, inaugurado en 1953, es uno de los más antiguos del vecino país, reconocido por su característica forma ovalada y una de las más grandes de su tipo en el mundo.

Esta instalación deportiva pertenece al club Atlético Rafaela, que organiza carreras de automovilismo desde 1919, incluyendo las tradicionales 500 Millas.

INVITACIÓN INESPERADA E IRREQUERIBLE

Competir en la F2 Argentina era un privilegio, y por ello el “Negro” no podio resistirse a marcar su presencia, y más aún en Rafaela.

Para los argentinos, la F2 no era otra cosa que la propia Fórmula 1, que centraba todos los intereses de los aficionados al automovilismo y que denominaban a la categoría reina a nivel mundial, ya que contaban con su propia categoría. Además, recibir el apoyo de Marlboro en aquel entonces era un privilegio y un gran compromiso, ya que la tabacalera estadounidense era uno de los principales patrocinadores del automovilismo mundial.

Risso se convirtió así en el primer piloto paraguayo oficial de Marlboro.

La disputa de esta prueba nacional de F2 en Rafaela y con la presencia del representante paraguayo, despertó enormes expectativas.

Para Risso era difícil esta tarea de correr allí, teniendo en cuenta que se debía capitalizar la vida útil que podrían tener los neumáticos en este caso debido al mayor desgaste en un trazado de este tipo.

UNA PRUEBA CON SUS ATRACTIVOS

Además, esta prueba definía el campeonato de 1976, disputado entre Miguel Ángel Guerra y Miguel de Guidi.

El neumático confirmó que no habría problemas tras los primeros trompos, y todo se centró en la puja entre los pilotos antes mencionados, muy populares en aquella época, que pronto aclaró su definición con la consagración de Guerra.

Según el reportaje de la revista Corsa de la época, el Crespi-Dodge de Risso alcanzó, como por arte de magia, un ritmo descomunal y cerró la jornada en primera posición, con un tiempo total de 31 minutos y 30 segundos en las 24 carreras.

El Negro no abandonó el primer puesto, pero tuvo una gran carrera, superando a quienes luego serían sus compañeros de podio.

Tras la vuelta, el auto rojiblanco 44 de Risso se enfrentó a los principales exponentes de la categoría, colocándose primero en la plaza, sin que el líder se viera obligado a subir al podio.

Su hazaña se convirtió en una gran e inesperada victoria, en la que sus compañeros de equipo en el podio no pudieron impedir que el paraguayo se alzara con la victoria.

En segundo lugar, terminó Miguel Ángel Guerra con su Lotus-Renault en 31:34 y completó el podio Guillermo Kissling con su Crespi-Fiat 1.500, que terminó en 31:39.

Asimismo, El Negro estableció este año un nuevo récord para la categoría en el rango de Rafaela con un promedio de 223 kilómetros por hora. Cabe destacar que el promedio general de estos monoplazas argentinos de F2 en este escenario fue de 211 kilómetros por hora.

“Cuándo logré ese éxito, estaba a punto de cumplir 29 años”, dijo Risso al recordar aquel logro en una nota anterior con Motorpy.