Un gran logro de Art Malone
Un lunes de agosto de 1961 quedó grabado a fuego en la historia de la velocidad. Art Malone se subió al “Mad Dog IV”, un roadster Kurtis Indy de motor delantero con carrocería de aluminio diseñado por Bob Osiecki, y lo llevó a 181.561 mph en el óvalo del Daytona International Speedway.
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En criollo, unos 292,2 km/h. Nada mal para un auto de circuito cerrado en plena Guerra Fría.
El corazón de la bestia era un Chrysler 413 Wedge sobrealimentado, montado sobre un chasis que llevaba un estabilizador vertical y un par de alerones invertidos. Alas al revés, como las de un avión, pero pensadas para clavar el auto al piso en lugar de levantarlo.
Esa aerodinámica invertida fue justamente la que le dio estabilidad a Malone cuando la aguja del velocímetro empezó a rozar terrenos que muy pocos habían pisado sobre un óvalo.
El logro no fue solo una proeza técnica, también tuvo premio en efectivo. Bill France había puesto sobre la mesa 10.000 dólares para quien superara las 180 mph en un circuito cerrado, y Malone se llevó ese cheque junto con el récord. Una cifra enorme para la época y una manera contundente de demostrar que el desarrollo aerodinámico ya empezaba a marcar la diferencia en la velocidad pura.
Lo interesante es pensar cuánto de ese experimento con alerones invertidos terminó sembrando una semilla que hoy es industria estándar. Cada auto de velocidad, cada monoplaza moderno, le debe algo a estos locos que probaban soluciones con lápiz, papel y mucho coraje sobre el asfalto. (RG).
