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La Fórmula 1 tiene tres finales que quedaron grabados en la memoria colectiva por lo imperceptible de su desenlace, separados apenas por milésimas de segundo.

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Tres carreras, tres décadas distintas y una misma sensación: la de estar frente a algo casi imposible de repetir.

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En el GP de Italia de 1971, disputado en Monza, Peter Gethin se impuso a Ronnie Peterson por apenas 0.01 segundo, la diferencia más ajustada que registraron los cronómetros de la época, que en ese momento solo trabajaban con dos decimales. Los cinco primeros llegaron cubiertos por 0.61 segundos, en una definición que sigue siendo la más cerrada de la historia del campeonato.

En el GP de Estados Unidos de 2002, en Indianápolis, Rubens Barrichello superó a su compañero Michael Schumacher por 0.011 segundos tras una maniobra de equipo que Ferrari intentó coordinar para un final compartido y que terminó resuelto por la línea de meta. Y en el GP de España de 1986, en Jerez, Ayrton Senna resistió el embate de Nigel Mansell hasta la bandera a cuadros, ganando por apenas 0.014 segundos en una de las duplas más recordadas de aquella temporada.

Más allá de los números, estas tres definiciones simbolizan la delgada línea que separa la gloria del segundo lugar en la máxima categoría. La evolución de los sistemas de cronometraje, hoy capaces de medir en milésimas con total precisión, hace prácticamente imposible que un margen tan mínimo como el de 1971 vuelva a repetirse sin controversia. Estos tres episodios muestran que, en la Fórmula 1, la diferencia entre ganar y perder a veces no se mide en segundos sino en fracciones invisibles al ojo humano, y que ese margen mínimo puede definir carreras que trascienden generaciones de pilotos y aficionados. (RG).