Una victoria cerrada en la F1

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Gilles Villeneuve firma la victoria más cerrada que había visto la Fórmula 1 hasta entonces. En el Circuito Permanente de Jarama, 21 de junio de 1981 se disputó la séptima fecha de la temporada, el canadiense se impuso al mando de un Ferrari 126CK que él mismo describía como un “Cadillac rojo sin frenos”, conteniendo durante más de 60 vueltas a un pelotón de cuatro autos con mejor manejo, pero menos potencia.

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Villeneuve partió séptimo en la grilla, pero escaló hasta el tercer puesto en la primera curva y tomó la punta tras el abandono de Alan Jones, líder hasta un trompo en la vuelta 14. Desde ahí, el Ferrari turbo -con 550 CV en configuración de carrera- explotó su ventaja de potencia en las rectas para resistir el acoso constante de Jacques Laffite (Ligier), John Watson (McLaren), Carlos Reutemann (Williams) y Elio de Angelis (Lotus) en cada curva del trazado madrileño. El 126CK, de suspensión dura y comportamiento errático, se inclinaba de forma pronunciada en cada viraje, levantando la rueda interior del asfalto: una postura que quedó inmortalizada en la fotografía de carrera de aquella tarde.

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Al cruzar la meta, apenas 1,24 segundos separaron a los cinco primeros: el margen más ajustado registrado en la Fórmula 1 hasta ese momento. Fue la sexta y última victoria de la carrera de Villeneuve en la categoría, y él mismo la definió como “la mejor carrera de mi vida”, admitiendo que le sorprendía que sus rivales, con autos superiores, no hubieran logrado superarlo.

Menos de un año después, el 8 de mayo de 1982, Gilles Villeneuve perdería la vida en Zolder. Jarama 1981 quedó como el último gran destello de un piloto que Enzo Ferrari comparó con el legendario Tazio Nuvolari. (RG).