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En 1933 se corrió en el circuito de Mellaha, cerca de Tripoli, uno de los episodios más singulares de la historia del automovilismo: el Gran Premio ligado a una lotería millonaria conocida como la Corsa dei Milioni.

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El sistema era simple, se vendía un millón de boletos y treinta de ellos, sorteados una semana antes, quedaban asociados a los pilotos de la grilla. Quien tuviera el ticket del ganador se llevaba una fortuna de 7,5 millones de liras.

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El fallo del sistema era evidente: con siete días de margen entre el sorteo y la largada, los tenedores de los boletos más valiosos tuvieron tiempo de sobra para negociar con los propios pilotos. Según la versión más difundida, el comerciante Enrico Rivio, dueño del boleto vinculado a Achille Varzi, ofreció repartir el premio si el italiano se quedaba con la victoria, y Varzi habría sumado a Tazio Nuvolari, Baconin Borzacchini, Giuseppe Campari y Louis Chiron al reparto.

En pista, Varzi superó a Nuvolari en la última curva por apenas una décima de segundo, un final tan ajustado que alimentó todavía más las sospechas. La Real Automóvil Club de Italia investigó a los cinco pilotos, aunque finalmente ninguno fue sancionado con dureza.

Con el tiempo, historiadores del automovilismo pusieron en duda buena parte del relato original, difundido años después por el jefe de equipo Alfred Neubauer, y hoy el episodio se recuerda como una leyenda a mitad de camino entre el escándalo real y el mito de época. Para 1934, los organizadores cambiaron las reglas y el sorteo pasó a realizarse apenas media hora antes de la largada. (RG).