Senna y Bellof, el día que la lluvia escribió historia
Hace 41 años, el Circuito de Mónaco fue testigo de una de las actuaciones más extraordinarias en la historia de la Fórmula 1. Bajo una lluvia torrencial, Ayrton Senna y Stefan Bellof pusieron al descubierto su genio ante el mundo, en una carrera que quedó suspendida – y congelada en el tiempo – a apenas 32 vueltas de las 76 programadas.
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Alain Prost había tomado el liderato desde la pole y resistía en cabeza, pero la lluvia niveló la competencia. Nigel Mansell le arrebató el mando brevemente, pero se fue al muro cuatro vueltas después. Niki Lauda, segundo, también abandonó por accidente en Casino Square. Mientras tanto, Senna -saliendo de la novena posición en su Toleman-Hart TG184- escalaba posiciones con una fluidez sobrehumana, recortando tres segundos por vuelta al líder. En la vuelta 19 ya era segundo.
Lo que sucedía detrás era igualmente impresionante. Stefan Bellof -último en la parrilla con el Tyrrell 012 de motor Cosworth atmosférico, el único sin turbo- avanzaba como si la lluvia fuera su hábitat natural. Para la vuelta 27 ya era tercero y perseguía a Senna. El comisario de carrera Jacky Ickx, atendiendo los reclamos insistentes de Prost, mostró la bandera roja al final de la vuelta 32 – con el resultado retroactivo a la vuelta 31.
Prost ganó con 7.4 segundos de ventaja; Senna tomó el segundo lugar y su primer podio en la F1. Bellof cruzó tercero en la carretera, aunque Tyrrell fue descalificada, ascendiendo René Arnoux al tercer puesto oficial. Esos 1,5 puntos que Prost perdió por la carrera acortada (mitad de puntos por menos del 75% de distancia) resultaron fatales: perdería el título frente a Lauda por exactamente medio punto.
El debate sobre si la bandera roja llegó demasiado pronto persiste cuatro décadas después. Bellof lo dijo sin rodeos: tenían que haber relargado. Senna nunca lo olvidó. Y el mundo del motor nunca olvidó ese domingo de junio en el que dos jóvenes sin nada que perder amenazaron con reescribir el orden establecido. (RG).
