Recordando a Berger en San Marino

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El 23 de abril de 1989 el Gran Premio de San Marino quedó marcado para siempre cuando el Ferrari de Gerhard Berger se estrellaba violentamente contra las barreras de Tamburello a más de 270 km/h, desatando un incendio inmediato.

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La rápida intervención de los comisarios fue determinante: Berger salió con heridas leves en un accidente que pudo haber sido fatal.

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Tras una interrupción de aproximadamente una hora, la carrera se reanudó. Desde la pole, Ayrton Senna tomó el control y se impuso con autoridad pilotando el McLaren MP4/5. Alain Prost cruzó segundo en el otro McLaren, mientras Alessandro Nannini completaba el podio con el Benetton B189. Ese fin de semana también registró un hito estadístico irrepetible: 39 monoplazas en parrilla, el récord absoluto en la historia de la Fórmula 1, igualado en las 14 carreras restantes de esa temporada, pero nunca superado.

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Lo que vino después de la carrera fue igual de explosivo que el accidente. Prost reveló la existencia de un pacto verbal entre ambos pilotos: quien liderara en la primera curva no sería atacado. Un acuerdo, paradójicamente, propuesto por el propio Senna.

Pero al reanudar la carrera, Senna adelantó a su compañero de equipo ya en la primera vuelta. Para Prost, una traición. Para la historia del deporte, el detonante definitivo de una de las rivalidades más legendarias del automovilismo.

El GP de San Marino de 1989 condensa en un solo fin de semana todo lo que hace grande a la Fórmula 1: drama, velocidad, supervivencia y la tensión psicológica que define a los campeones. La curva de Tamburello, tristemente, volvería a protagonizar la historia cinco años más tarde. Un lugar que la memoria del motor no puede ignorar. (RG).