Recharge Brasil advierte: La capacidad de contratar infraestructura será decisiva para acelerar la descarbonización

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El país ya cuenta con los recursos financieros y regulatorios para electrificar la movilidad urbana, pero carece de coordinación, planificación y madurez institucional para transformar los objetivos en infraestructura operativa.

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Recharge Brasil, empresa especializada en ingeniería aplicada a la carga de vehículos eléctricos, señala los desafíos estructurales en la agenda nacional de descarbonización del transporte: la capacidad institucional para estructurar proyectos sólidos y contratar infraestructura con criterios técnicos sólidos.

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“Brasil ya ha tomado la decisión política de avanzar con la electrificación del sector de vehículos pesados, a nivel municipal, estatal y federal. Sin embargo, esta transición aún enfrenta obstáculos no tecnológicos, como fallas de diagnóstico, estudios preliminares insuficientes, criterios técnicos débiles y contratos centrados en el precio más bajo, no en el rendimiento”, afirma Arthur Carrão, director ejecutivo de Recharge Brasil. “El debate ya no gira en torno a si el país quiere descarbonizarse, ya que la decisión política ya está tomada. El desafío ahora es entregar infraestructura con seriedad, experiencia técnica y continuidad del servicio”.

EL MERCADO BRASILEÑO DE LA MOVILIDAD ELÉCTRICA CONTINÚA EXPANDIÉNDOSE

Las ventas de vehículos eléctricos ya superan el 8% del total nacional, mientras que el número de autobuses eléctricos matriculados creció un 141% en el primer semestre de 2025. En Latinoamérica, más de 6.000 autobuses eléctricos ya están en funcionamiento, con un crecimiento anual promedio del 33,5% desde 2017.

A pesar de este progreso, la infraestructura pública y privada sigue evolucionando a un ritmo más lento que la demanda. Según Pedro Martins, director de operaciones de Recharge Brasil, «muchos proyectos siguen presentando fallas estructurales que comprometen su ejecución. Entre las más recurrentes se encuentran estudios preliminares insuficientes, criterios técnicos deficientes, un enfoque exclusivo en el precio más bajo y matrices de riesgo inexistentes o mal distribuidas, elementos que resultan en adendas contractuales, retrasos y baja disponibilidad operativa».

DESCARBONIZAR TAMBIÉN IMPLICA DECIDIR CÓMO CONTRATAR:

El próximo salto en la movilidad eléctrica en Brasil no solo provendrá de la expansión tecnológica, sino también de la madurez institucional. “La transición energética es innegable. Lo que se debate ahora es cómo estructuramos, contratamos y operamos la infraestructura”, refuerza Carrão.

La infraestructura de carga es un sistema integrado que depende de la planificación energética, el modelado operativo, la estandarización técnica y los contratos orientados al rendimiento. Y sin estos elementos, la electrificación simplemente no se puede ampliar.

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Las experiencias internacionales refuerzan esta premisa. En Estados Unidos, el programa NEVI, por ejemplo, destinó 5000 millones de dólares a la creación de una red nacional de carga interoperable y de acceso público, estructurada con estándares técnicos unificados y una gobernanza clara. En Noruega, donde el 98 % de las ventas de vehículos nuevos son eléctricos, la madurez del mercado permitirá la retirada gradual de los subsidios, lo que indica que las políticas bien ejecutadas pueden lograr la autosostenibilidad a largo plazo.

“Estos casos demuestran que la descarbonización comienza con el diagnóstico, la licitación, el contrato y la operación. Cuando el proyecto es sólido, aparece la financiación; cuando es frágil, se convierte en un problema”, explica Carrão.

BRASIL YA CUENTA CON IMPORTANTES INSTRUMENTOS PARA IMPULSAR LA ELECTRIFICACIÓN DEL TRANSPORTE

El BNDES, a través del Fondo Climático, ofrece líneas de financiación enfocadas en la infraestructura de carga y la renovación de flotas. La ANEEL ha impulsado proyectos de Investigación y Desarrollo que permiten la implementación de proyectos piloto y la validación operativa de nuevas tecnologías.

Además, varios estados ya han adoptado políticas de flotas limpias, y las ciudades han recurrido a concesiones y Asociaciones Público-Privadas (APP), modelos de contratación en los que el gobierno y la iniciativa privada comparten inversiones, riesgos y responsabilidades operativas para incorporar objetivos formales de descarbonización.

A pesar de esta estructura, Carrão destaca que el país aún carece de escala, estandarización nacional y gobernanza integrada para transformar estas herramientas en proyectos eficaces y sostenibles.

“Sin coordinación entre las esferas públicas y sin madurez institucional, los instrumentos existentes no alcanzan su máximo potencial”, afirma.

Recharge Brasil está listo para apoyar proyectos de electrificación con diagnóstico técnico, estandarización, matriz de riesgos y modelos contractuales orientados al desempeño.