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Valentino Rossi ganó el GP de Alemania en Sachsenring el 31 de julio de 2005, por delante de Sete Gibernau, que se quedó con la vuelta rápida, y del poleman Nicky Hayden.

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Fue la victoria número 76 de su carrera en el Mundial, la misma cifra que había alcanzado el británico Mike Hailwood en 1967. En la vuelta de honor le mostraron un cartel que decía “76 Rossi, 76 Hailwood, lo siento Mike”.

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Con ese resultado, Rossi se metió en el tercer puesto de la tabla histórica de ganadores de Grandes Premios, solo por detrás de Ángel Nieto, con 90, y Giacomo Agostini, con 122.

Meses después cerró la temporada como campeón del mundo por séptima vez, la quinta consecutiva en la clase reina. El Doctor no aflojaba.

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Diesa

Hace casi 25 años moría Thomas Cholmondeley-Tapper, el piloto neozelandés que en 1936 corrió el GP de Alemania y se negó a saludarlo a Hitler en el Nürburgring.

Con un Maserati 8CM de 240 CV, tan potente que el chasis flexaba bajo aceleración, terminó décimo entre las temibles Flechas Plateadas de Auto Union y Mercedes-Benz. Antes de correr caminaba cada circuito a pie para memorizar baches y peraltes, algo que hoy es rutina en la Fórmula 1 y que en los años 30 casi nadie hacía.

Su gesto no fue solo simbólico. Los alemanes le advirtieron que si volvía a correr intentarían sacarlo de pista, y poco después Mercedes-Benz lo invitó a probar su W25K de fábrica, una oportunidad que rechazó para no cancelar unas vacaciones de esquí ya programadas. Su carrera como piloto terminó ahí, pero él siguió volando aviones militares durante la Segunda Guerra Mundial.

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Casi nueve décadas después, su historia recuerda que el automovilismo también se escribe fuera de la pista, con decisiones que pesan más que cualquier resultado. Por eso vale la pena rescatarla del olvido. (RG).