Inventos absurdos que realmente existieron

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Coches con hélices: Antes de que los motores convencionales dominaran las cuatro ruedas, hubo una época en la que la propulsión por hélice pareció el futuro del automóvil: el francés Marcel Leyat desarrolló a comienzos de los años 20 el Helica, un híbrido entre coche y avión impulsado por una hélice frontal de cuatro palas.

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El Helica utilizaba un motor bicilíndrico refrigerado por aire conectado de forma directa a la hélice, sin caja de cambios ni diferencial, una solución heredada de la aviación. Construido en madera contrachapada para minimizar el peso, una versión evolucionada del modelo llegó a registrar 171 km/h en 1927, una cifra notable para la época. La dirección, por su parte, se gestionaba desde las ruedas traseras.

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De las pocas decenas de unidades construidas entre 1913 y 1927, el proyecto nunca prosperó comercialmente: el ruido de la hélice y el riesgo evidente de una hoja giratoria a centímetros del entorno terminaron por sepultar la idea.

Medio siglo después, esa misma obsesión por extraer rendimiento de soluciones aeronáuticas reaparecería en la Fórmula 1, con sistemas como el ventilador trasero del Brabham BT46B de 1978, antes de que la FIA prohibiera los dispositivos aerodinámicos móviles de ese tipo. Una idea adelantada a su tiempo que, en otra forma, volvería a poner en jaque al reglamento décadas después. (RG)