Intenso duelo interno en McLaren
Un 22 de julio de 1984, Brands Hatch fue escenario de otro capítulo del duelo interno más intenso de McLaren.
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Niki Lauda se impuso en el Gran Premio de Gran Bretaña, mientras su compañero Alain Prost volvía a quedar en el camino.
La caja de cambios del MP4/2 de Prost no aguantó y lo dejó afuera a mitad de carrera, un golpe durísimo en plena pelea por el título.
Con este resultado, Lauda achicó la diferencia en la clasificación de pilotos a apenas 1,5 puntos, una ventaja mínima que mantenía la temporada 84 al rojo vivo.
Detrás del ganador, Derek Warwick firmó la mejor actuación de su carrera hasta ese momento, escoltando con su Renault y quedándose a las puertas de la victoria que nunca llegaría para él en la máxima categoría.
Un jovencísimo Ayrton Senna, todavía dando sus primeros pasos con el modesto Toleman, completó el podio en la tercera posición, otro anticipo de lo que se vendría.
La carrera dejó además una polémica que sacudió al paddock: Tyrrell fue sancionado por utilizar bolas de plomo dentro del lastre de agua, una maniobra para esquivar el límite de peso mínimo.
La apelación del equipo no prosperó y terminó perdiendo absolutamente todos los puntos conseguidos en el campeonato, una sanción ejemplar que marcó un antes y un después en el control técnico de la época.
Ese Brands Hatch del 84 resume bien lo que fue esa temporada: dos compañeros de McLaren jugándose el título entre ellos mismos, un futuro tricampeón asomando desde atrás, y la ingeniería al límite del reglamento. Casi cuatro décadas después, esa mezcla de rivalidad interna y picardía técnica sigue siendo parte del ADN de la Fórmula 1. (RG).
