Histórico duelo: Sainz-Kankkunen
Corría el 6 de junio de 1990 y el Rally Acrópolis se convirtió en el escenario de un duelo histórico. Carlos Sainz, al volante de un Toyota Celica GT-4 junto a Luis Moya, se enfrentó cara a cara al finlandés Juha Kankkunen, que llevaba el Lancia Delta HF Integrale y ya cargaba con dos títulos mundiales en su palmarés.
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El recorrido total fue de 2.034 kilómetros, con 622,28 cronometrados repartidos en 48 tramos especiales, una prueba física y mecánica extrema para ambos equipos. En la segunda jornada, Sainz tomó el liderato por apenas dos segundos sobre Kankkunen, una diferencia mínima que mantuvo la tensión hasta el final de la carrera.
Aquella victoria no fue un hecho aislado. Fue el disparador de la primera corona mundial de Sainz ese mismo 1990, apoyada después en triunfos en Nueva Zelanda, Finlandia y Gran Bretaña. Pero la historia entre ambos recién arrancaba. En 1991, Kankkunen le arrebató el título por apenas siete puntos, en una de las definiciones más ajustadas que recuerda el WRC. Un año después, en 1992, Sainz devolvió el golpe y se quedó con su segundo campeonato, cerrando un tridente de temporadas donde cada tramo cronometrado parecía decidir el destino de ambos.
Lo que hizo grande a esta rivalidad no fue solo la paridad en los resultados, sino el contraste de estilos. Sainz con su precisión quirúrgica y su capacidad de gestión en tierra, Kankkunen con su temple nórdico y su lectura fría de cada especial. Esa tensión Toyota contra Lancia terminó marcando el ADN competitivo que después heredarían generaciones enteras de pilotos del Mundial.
Este tipo de duelos son los que construyen la mística del rally y explican por qué, más de tres décadas después, seguimos hablando de ellos. (RG).
