El regreso de Ferrari a Montercarlo
11 de mayo de 1975: Niki Lauda y el Ferrari 312T pusieron fin a 20 años de sequía de la Scuderia en las calles de Montecarlo. Una victoria que no solo valió los puntos, sino que marcó el inicio de una era.
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El 312T, diseñado por Mauro Forghieri, llevaba la innovación en la sigla: la “T” era por trasversale, la caja de cambios montada transversalmente que mejoraba el balance del monoplaza. Su motor bóxer de 12 cilindros era el más potente de la parrilla. Lauda dominó la carrera cediendo el liderato solo durante su parada en boxes, antes de cruzar la meta con dos segundos de ventaja sobre Emerson Fittipaldi en el McLaren M23. Carlos Pace completó el podio con su Brabham BT44B.
La carrera tuvo un trasfondo dramático. Tras los sucesos del Gran Premio de España disputado dos semanas antes, se introdujeron barreras adicionales, vallas de contención, se reubicaron los bordillos, se modificó la chicane y se adoptó una parrilla escalonada limitada a 18 coches. Fue precisamente ese límite el que dejó fuera a Graham Hill: el pentacampeón de Mónaco no logró clasificarse por apenas 0,377 segundos, poniendo fin a una carrera de 17 temporadas en la que acumuló 176 participaciones.
En la primera fila junto a Lauda sorprendió Tom Pryce, quien apenas un año antes había sido considerado demasiado inexperto para competir, y ahora alineaba su Shadow en el lugar de honor. Mónaco 1975 no fue solo una victoria de Ferrari: fue el certificado de que el 312T estaba destinado a redefinir la década. (RG).
