El nacimiento de una leyenda

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En Zandvoort, un 4 de junio de 1967 durante el Gran Premio de los Países Bajos, el motor Ford-Cosworth DFV hizo su debut en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1.

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Lo hacía integrado al Lotus 49, una obra de Colin Chapman y Maurice Philippe que redefinió la arquitectura de los monoplazas al convertir el propulsor en elemento estructural del chasis.

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El V8 de 3.0 litros y cuatro válvulas por cilindro -desarrollado por Keith Duckworth con financiación de Ford- llegaba con una filosofía radicalmente distinta: ligereza, rigidez y potencia concentrada. Era la primera vez que Jim Clark conducía el Lotus 49; sin haber tenido rodaje previo en carrera, largó desde la octava posición. Graham Hill, quien había probado extensamente el coche, salió desde la pole.

Cuando Hill abandonó desde el liderazgo, Clark comenzó su remontada. Lo que siguió fue una exhibición del escocés de Kilmany: vuelta rápida incluida, victoria con 23 segundos de margen sobre Jack Brabham. Denny Hulme completó el podio en tercera posición.

El DFV ganó en su primera carrera y no se detuvo. Acumuló 155 victorias en el Campeonato del Mundo -el primer motor en superar las 100-, y se convirtió en referencia técnica para toda una generación de monoplazas durante los años 70 y parte de los 80, cuando equipos como Tyrrell, McLaren, Brabham o March lo adoptaron. (RG).