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El 9 de junio de 1968 en el Gran Premio de Bélgica, Spa-Francorchamps, nació una leyenda llamada McLaren.

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Hace 58 años, en el mítico trazado belga de Spa-Francorchamps, Bruce McLaren escribió una de las páginas más importantes de la historia de la Fórmula 1: la primera victoria del equipo que él mismo había fundado apenas dos años antes, en 1966. No fue una victoria planificada hasta el último metro, sino fruto de una de esas vueltas del destino que solo el motorsport puede ofrecer.

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McLaren lideraba la carrera convencido de que disputaba el segundo puesto. El escocés Jackie Stewart, con el Matra MS10-Ford, dominaba con autoridad, pero en la última vuelta se quedó sin combustible y debió entrar en boxes, cediendo involuntariamente el triunfo. El M7A de Bruce McLaren, con motor Cosworth DFV, cruzó la línea de meta en primera posición sin que su propio piloto-propietario lo supiera de antemano. Pedro Rodríguez completó el podio en segundo lugar con el BRM P133, mientras que el joven Jacky Ickx terminó tercero para Ferrari, anticipando la enorme carrera que tendría por delante.

Ese Gran Premio de Bélgica también fue escenario de uno de los primeros experimentos masivos con aerodinámica activa en la F1: varios equipos incorporaron alerones aerodinámicos, siguiendo los pasos de Lotus, que los había introducido en el GP de Mónaco semanas antes. La temporada 1968 fue un laboratorio en movimiento.

En ese mismo evento, el británico Brian Redman, al volante de un Cooper, sufrió un violento accidente en el que el monoplaza se incendió. Milagrosamente, escapó con un brazo roto y quemaduras leves, en una época en que la seguridad en el automovilismo aún era una deuda pendiente con los pilotos. (RG).