El 6 de junio de 1982 se disputaba el 1.er GP de Detroit
El Circuito Urbano de Detroit era el escenario.
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En las calles de “Motor City”, el McLaren MP4/1B-Ford Cosworth DFV de John Watson protagonizó una de las remontadas más improbables de la historia de la F1. Largando desde la 17.ª posición en la parrilla -producto de un fin de semana de clasificación accidentado que incluyó lluvia y múltiples incidentes- el norirlandés puso a prueba la superioridad en degradación de los neumáticos Michelin sobre los Goodyear rivales en condiciones de carrera real.
Con Alain Prost (Renault RE30B turbo) liderando desde la pole hasta la vuelta 22, cuando los problemas de inyección electrónica de su V6 turbo lo relegaron, el control pasó a Keke Rosberg (Williams FW08-Ford). Watson fue superando adversario tras adversario -entre ellos Jochen Mass, René Arnoux, Jacques Laffite y Derek Daly- hasta ingresar a la zona de puntos en la vuelta 29. En la 33 superó a su compañero Niki Lauda, y en la 37 tomó el liderato definitivo al beneficiarse del deterioro de neumáticos que afectaba a Rosberg. El escocés-finlandés cruzó cuarto, a más de un minuto del ganador.
El podio reunió tres narrativas de un campeonato 1982 que ya acumulaba tragedias y golpes de guión: Watson asumió el liderato del Mundial con 26 puntos; Eddie Cheever -el piloto estadounidense al volante del Ligier JS17B-Matra- consiguió el mejor resultado de su carrera en F1 al terminar segundo a 15.7 segundos; y Didier Pironi añadió otro podio al de Ferrari desde el tercer escalón. La carrera se detuvo sólo 62 de las 70 vueltas previstas al alcanzarse el límite de dos horas, consecuencia del caos inicial que obligó a relanzarla desde cero.
El GP inaugural de Detroit también anotó otro dato histórico: Jochen Mass, al volante del March 821-Ford, alcanzó su participación número 100 en el Campeonato Mundial. Fue el último año del alemán en la máxima categoría -pocas semanas después, un aparatoso accidente en Paul Ricard lo retiró definitivamente de la F1, poniendo punto final a una carrera que incluyó una victoria (España 1975) y ocho podios. Detroit quedó como símbolo de lo que la F1 de los 80 podía ofrecer: caos urbano, turbo vs. atmosférico y remontadas que desafiaban la lógica.
