Curiosidad automovilística: Le Mans 1952
Ese año, Pierre Levegh tenía un plan que rozaba la locura: disputar las 24 Horas en solitario al volante de su Talbot-Lago T26GS.
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Sin ceder el volante a su copiloto René Marchand, porque conocía tan íntimamente el motor de 4,5 litros de seis cilindros en línea que no confiaba en que otro pudiera gestionar su fragilidad. Nadie, en toda la historia de Le Mans, había ganado en solitario. Él estuvo a punto de hacerlo.
Privateer total: Levegh había comprado el chasis, encargado la nueva carrocería envolvente a Charles Deutsch y modificado el T26GS sin el visto bueno de la fábrica, precisamente porque sabía qué tocar y cómo. Cuando los Jaguar cayeron en las primeras cuatro horas, los Ferrari sufrieron problemas de embrague y los Mercedes 300SL tuvieron fallos de dinamo, el Talbot verde llegó a liderar con cuatro vueltas de margen.
A las 2 de la madrugada, Levegh comandaba la carrera. En cada parada, los mecánicos, su copiloto y su esposa le rogaban que cediera el volante. El jefe de Talbot, Tony Lago, llegó a intervenir personalmente. Fue repelido. Levegh siguió.
Llevaba más de 22 horas al volante, sin dormir, sin comer apenas, con las piernas abrasadas por el depósito de aceite de cárter seco, cuando la fatiga traicionó su mano derecha. Un cambio de marcha fallido, probablemente segunda en vez de cuarta, sobrerevolucionó el motor y el cigüeñal cedió. El Talbot se detuvo en Maison Blanche, a poco más de un kilómetro de los boxes, con apenas una hora para el final. La victoria fue para Hermann Lang y Fritz Riess en un Mercedes 300SL. Nadie había estado tan cerca de ganar Le Mans en solitario. Nadie lo ha logrado desde entonces.
La historia de Levegh en Le Mans no termina en 1952. En 1955, el mismo Neubauer que le había visto liderar aquella noche le fichó para el equipo oficial de Mercedes. Fue su última carrera.
El desastre del 11 de junio de 1955, el peor de la historia del motorsport, se llevó su vida junto a la de 83 espectadores. Un piloto cuya carrera entera fue una lucha desigual contra el tiempo, la fatalidad y los límites humanos. (RG).
