A 71 años de la partida de Ascari

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Hace 71 años, el 26 de mayo de 1955, la Fórmula 1 perdía a su primer bicampeón del mundo: Alberto Ascari moría trágicamente en Monza, apenas cuatro días después de caer con su Lancia D50 al puerto de Montecarlo durante el Gran Premio de Mónaco.

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Lo que hace aún más perturbador su final es que, al día siguiente del accidente monegasco, Ascari le confesó a un amigo algo que parece presagiar su destino: «No quiero que mis hijos me tomen demasiado cariño, porque un día podría no volver y sufrirían menos si no regreso».

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En Monza esa mañana del 26 de mayo, Ascari tomó el volante de un Ferrari -sin estar programado para hacerlo- durante el horario del almuerzo. Los presentes notaron dos detalles que no pasaron desapercibidos: no llevaba casco y su corbata ondeaba al viento. En su segunda vuelta, el monoposto se fue al suelo en la curva Vialone. No hubo explicación técnica concluyente. Nunca la hubo.

El impacto de su pérdida trascendió el paddock: más de un millón de personas se congregaron en las calles de Milán para despedirlo. Juan Manuel Fangio, su más encarnizado rival en pista, lo resumió con precisión quirúrgica: «He perdido a mi mayor rival». Y su amigo Gianni Lancia, devastado por el duelo, tomó una decisión que cambió la historia de la Fórmula 1: entregó a Ferrari todo el programa Lancia D50 -monoplazas, repuestos y pilotos-, renunciando así a la competencia de forma definitiva.

Ascari era hijo de Antonio Ascari, también piloto de carreras fallecido en el circuito de Montlhéry en 1925. Ambos murieron con 36 años. Ambos, un 26 de mayo. La historia del automovilismo no registra otra coincidencia tan escalofriante.  (RG).