La evolución del volante de la F1

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El volante de Fórmula 1 pasó de ser un simple aro de madera y metal a convertirse en una computadora de mano con decenas de botones y una pantalla LCD. En los años 50, cuando corrían Juan Manuel Fangio y Stirling Moss, el diseño era prácticamente idéntico al de un auto de calle: grande, sin dirección asistida y con un diámetro de entre 350 y 400 milímetros para ganar apalancamiento mecánico.

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En la década del 60 el aro se forró en cuero para mejorar el agarre, aunque la tecnología seguía siendo básica. El primer botón llegó recién a mediados de los 70, un simple interruptor de emergencia para apagar el motor en caso de falla en el acelerador.

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El gran salto se dio a principios de los 90, cuando Ferrari introdujo las levas de cambio semiautomáticas detrás del volante, eliminando la palanca tradicional y permitiendo cambiar de marcha sin soltar las manos.

A mediados de esa misma década, el auge de la telemetría transformó por completo la función del volante: aparecieron mandos para ajustar el control de tracción, la eficiencia del motor y el limitador de velocidad en pit lane. La forma también cambió, se volvió más rectangular y con asas laterales, y Michael Schumacher fue clave en las investigaciones de ergonomía que llevaron a moldear los volantes según la mano de cada piloto.

El cambio más reciente y visible llegó en 2014, con el arranque de la era híbrida, cuando se sumó la pantalla LCD que hoy permite a los pilotos consultar decenas de parámetros en plena carrera. En 2020, Mercedes fue un paso más allá con el sistema DAS, que permitía ajustar la convergencia de las ruedas delanteras sin soltar el volante. Hoy, una sola de estas piezas puede costar más de 100.000 euros, entre la fibra de carbono, la electrónica y la personalización para cada piloto. (RG).