El milagro de Monza
Un 12 de septiembre, apenas cinco semanas después de recibir la extremaunción tras su brutal accidente en el Nürburgring, Niki Lauda volvía a subirse a un monoplaza. Lo hizo nada menos que en el Gran Premio de Italia de 1976, con el cuerpo aún marcado por graves quemaduras.
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El plan original contemplaba esperar un mes más para el regreso. Pero la ofensiva de James Hunt en el campeonato apuró los tiempos. Ferrari, sorprendida por la decisión, tuvo que inscribir un auto extra para Carlos Reutemann, contratado originalmente para cubrir la ausencia de Lauda. Enzo Ferrari fue tajante: el bienestar del austríaco quedaba «bajo la exclusiva responsabilidad de Niki y sus médicos». En Monza, con las heridas todavía abiertas, Lauda completó una actuación que trascendió lo deportivo. Cruzó la meta cuarto, sosteniendo su liderato en el Mundial pese al dolor. Reutemann cerró noveno con el Ferrari extra. Adelante, Ronnie Peterson se llevó la victoria con su March, escoltado por Clay Regazzoni (Ferrari) y Jacques Laffite (Ligier).
Casi cinco décadas después, aquel regreso sigue siendo referencia obligada cuando se habla de coraje al volante. Una postal que resume por qué la Fórmula 1 no es solo velocidad: también es la historia de quienes se niegan a rendirse. (RG).
