Una jornada de luto para Ferrari

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Un 24 de agosto de 1958, el trazado callejero de Boavista fue escenario de la novena fecha del campeonato: el Gran Premio de Portugal.

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El paddock llegaba golpeado. Apenas tres semanas antes, Peter Collins había muerto en Nürburgring, y Enzo Ferrari cargaba también con la reciente pérdida de Luigi Musso.

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La Scuderia se presentó diezmada, con solo dos autos en pista: Mike Hawthorn y Wolfgang von Trips. En la carrera, Stirling Moss lideró de punta a punta y marcó, junto a Mike Hawthorn y Stuart Lewis-Evans, un triplete británico sobre el exigente circuito de calles empedradas. Lo que quedó en la historia fue lo que pasó después de la bandera a cuadros: Hawthorn fue descalificado en primera instancia, con una pérdida de siete puntos que podía definir el título. Pero Moss, que había presenciado el episodio en cuestión, se acercó a los comisarios y sostuvo que su rival no había cometido infracción alguna. La decisión se revirtió y Hawthorn conservó su puntaje.

Ese gesto terminaría pesando en la historia grande de la Fórmula 1: aquellos puntos resultaron decisivos en una temporada que Hawthorn cerraría por apenas una unidad de diferencia sobre el propio Moss. Boavista 1958 también marcó otro hito, con Maria Teresa de Filippis convirtiéndose en la primera mujer en disputar una carrera de Fórmula 1 al volante de un Maserati, aunque un problema mecánico la dejó fuera antes del final.

Entre el luto, el peligro de las calles de adoquín y tranvías, y un acto de honestidad deportiva que hoy suena casi ajeno a la competencia moderna, Boavista quedó como uno de esos capítulos que explican por qué el deporte motor sigue fascinando generación tras generación. (RG).