Un promedio inolvidable
Un 21 de agosto de 1991, Al Teague subió al Spirit of ’76 y clavó un promedio de 409,986 mph (659,809 km/h) en las Salinas de Bonneville, Utah. Con eso tumbó un récord que llevaba 26 años intacto.
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El Spirit of ’76 era un lakester monoplaza, motor Hemi sobrealimentado, tracción trasera y sin las cuatro ruedas motrices que tenía el Goldenrod de los hermanos Summers, el auto al que le arrebató la corona. Teague lo construyó y desarrolló prácticamente solo, en su propio taller, algo casi impensado a ese nivel de velocidad.
El registro se convirtió en el récord de velocidad en tierra para autos con tracción en ruedas homologado por la FIA, y resistió casi dos décadas hasta que en 2008 apareció un nuevo desafiante. Es, todavía hoy, una referencia obligada para cualquier equipo que intente romper la barrera de las 400 millas por hora sobre la sal.
La historia de Teague sigue siendo la prueba de que en el land speed racing no siempre gana el que tiene más presupuesto, sino el que entiende mejor su máquina. Esa filosofía artesanal todavía inspira a los proyectos independientes que hoy buscan superar los 700 km/h en Bonneville. (RG).
