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El 7 de junio de 1970, el Gran Premio de Bélgica regresaba al calendario en Spa-Francorchamps tras un año de ausencia forzada -la edición de 1969 fue cancelada por insuficiencias en las medidas de seguridad del trazado belga de 14,1 kilómetros en las Ardenas.

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Cinco días antes de la largada, el mundo del motorsport recibió un golpe devastador: Bruce McLaren perdió la vida el 2 de junio en Goodwood mientras probaba el McLaren M8D de Can-Am. El desprendimiento de la carrocería trasera privó al monoplaza de downforce en plena velocidad. El impacto fue fatal. Su escudería no se presentó en Spa.

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En ese clima de duelo colectivo, Pedro Rodríguez se convirtió en el protagonista de una carrera extraordinaria al volante del BRM P153. Partiendo desde la segunda fila -pole para Jackie Stewart con el March 701 de Tyrrell-, el mexicano escaló posiciones con precisión quirúrgica: superó a Jochen Rindt para el tercer puesto, pasó a Stewart en la cuarta vuelta y destronó a Chris Amon en la quinta. Desde allí, no cedió la punta.

El duelo entre Rodríguez y Amon (March 701) definió la segunda mitad de la carrera con vueltas récord de infarto: el mexicano registró un 3’27″6 a 244,5 km/h de media; el neozelandés respondió con 3’27″4 -vuelta rápida- a 244,7 km/h. Rodríguez resistió y cruzó la meta con 1,1 segundo de ventaja sobre Amon, con Jean-Pierre Beltoise (Matra) tercero a distancia. La velocidad media de carrera fue de 252,951 km/h, la más alta registrada hasta entonces en la historia de la F1.

Con esa victoria -la segunda y última de su carrera en el Campeonato del Mundo-, Rodríguez ascendió al tercer puesto del campeonato con 10 puntos, recortando terreno sobre Brabham (15) y Stewart (13). Fue también la primera victoria de BRM desde 1966, obtenida en el circuito original de Spa que nunca volvería a utilizarse en esa configuración. (RG).