Jim Clark con gran autoridad
El 24 de mayo de 1964, Zandvoort fue el escenario de la segunda prueba del Campeonato Mundial de Fórmula 1, y Jim Clark no dejó dudas sobre quién mandaba en esa temporada.
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Dan Gurney marcó la pole en su Brabham-Climax con un tiempo de 1:31.2, estableciendo un nuevo récord del circuito, pero la clasificación no anticipaba lo que vendría en carrera. Clark arrancó desde la segunda posición y, con mejor trazada en la curva Tarzan, adelantó al estadounidense en las primeras instancias para tomar la cabeza de la carrera, de la que ya no se movería.
El Lotus 25 con motor Climax era en esa época el paquete más refinado del pelotón: tracción óptima, chasis monocasco pionero y un equilibrio aerodinámico que Colin Chapman había perfeccionado meticulosamente. Clark también firmó la vuelta rápida de carrera, un 1:32.8 en la sexta vuelta, completando un fin de semana de dominio absoluto sobre las 80 vueltas al circuito holandés.
John Surtees terminó segundo para Ferrari con 53.6 segundos de diferencia —una brecha que ilustra la superioridad del Lotus ese día. El compañero de Clark, Peter Arundell, completó el podio en tercera posición, sellando un doblete del equipo inglés que auguraba una temporada prometedora.
Esa victoria en Zandvoort fue la undécima de Jim Clark en Fórmula 1, acumulada en apenas tres temporadas completas. Tres victorias en 1962, siete en 1963 —igualando el récord de la época para una sola campaña—, y ahora la primera de 1964 en Países Bajos, donde el escocés de Kilmany ya comenzaba a dibujar su segunda corona mundial.
La temporada 1964 terminaría de forma amarga para Clark: un problema de aceite en la última carrera en México le arrebató el campeonato, que fue para John Surtees, el mismo hombre que ese domingo en Zandvoort había ocupado el segundo escalón del podio. La historia del deporte tiene esas ironías perfectas. (RG).
