F1: Un GP de mucho dolor
12 de mayo de 1968. Jarama. La Fórmula 1 corría por primera vez en el dolor: apenas un mes después de la muerte de Jim Clark en Hockenheim, y cinco días después de la muerte de Mike Spence en Indianápolis, el paddock llegó a España con el luto todavía abierto.
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Colin Chapman, director de Lotus, no viajó a España. No podía. Graham Hill quedó como único piloto oficial del equipo y salió a hacer lo que Clark ya no podía: ganar. Lo hizo con una carrera de control impecable, su undécima victoria en el campeonato, dedicada a la memoria de su compañero. Denny Hulme (McLaren) fue segundo, y Brian Redman (Cooper) completó el podio con el único Top 3 de su carrera en el Mundial. Chris Amon había marcado la pole con su Ferrari, y Jean-Pierre Beltoise firmó la primera vuelta rápida de su carrera -y de Matra- en el campeonato.
Pero Jarama 1968 trascendió los resultados: aquel fin de semana el Lotus 49 de Hill apareció en parrilla con la librea rojo, blanco y dorado de Gold Leaf, la marca de cigarrillos de Imperial Tobacco. Era la primera vez en la historia de la Fórmula 1 que un equipo oficial competía con la decoración completa de un patrocinador comercial. El British Racing Green quedaba en el pasado.
Ese Lotus rojo en Jarama abrió una puerta que no volvería a cerrarse: décadas de patrocinio tabacalero, financiamiento privado masivo y transformación de los monoplazas en plataformas publicitarias. Una decisión de Chapman que redefinió la economía del deporte para siempre y que tomó en uno de los momentos más oscuros de su vida. (RG).
