A 44 años de la muerte de Villeneuve

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A 44 años de su muerte, Gilles Villeneuve sigue siendo una figura que trasciende generaciones en la Fórmula 1.

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El 8 de mayo de 1982, el circuito de Zolder fue escenario de una de las tragedias más dolorosas del automovilismo mundial.

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Durante la clasificación para el Gran Premio de Bélgica, Villeneuve intentaba superar su propio crono en un último intento desesperado, impulsado por la rabia que le generaba su compañero de equipo en Ferrari, Didier Pironi. Al alcanzar al March de Jochen Mass, que circulaba a ritmo lento, calculó mal el espacio disponible. El impacto lanzó su Ferrari 126C2 por los aires, y el piloto sufrió fracturas cervicales fatales al ser eyectado del habitáculo.

El profesor Sid Watkins, médico oficial de la F1 durante décadas, señaló que el accidente era casi previsible dada la naturaleza de Villeneuve: un piloto que llevaba el riesgo como parte de su identidad, capaz de pilotar un helicóptero con el depósito vacío. Dos semanas antes, la traición de Pironi en Imola —donde el francés ignoró las órdenes del equipo y ganó la carrera— había encendido en Gilles una mecha que nunca se apagaría.

Su legado va más allá de los números. Nunca fue campeón del mundo, pero Villeneuve encarnó una forma de correr que hoy prácticamente no existe: al límite absoluto, sin cálculo, sin gestión. Una filosofía de conducción que la telemetría moderna hace imposible.

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UN TRISTE GRAN PREMIO

Al otro dìa, el Gran Premio de Bélgica en Zolder no fue solo una carrera: fue una prueba de carácter colectivo bajo el peso más oscuro del motorsport.

El día anterior, Gilles Villeneuve había muerto en un accidente durante la clasificación. El equipo Ferrari, de luto, abandonó el circuito sin correr. La parrilla reanudó la sesión en silencio, nadie mejoró tiempos. Alain Prost y René Arnoux, con los Renault turbo, ocuparon la primera fila.

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Keke Rosberg dominó gran parte de la carrera desde el Williams FW08, pero los neumáticos y los frenos le cobraron factura en el tramo final. En la penúltima vuelta, un error lo dejó expuesto.

John Watson no perdonó. El irlandés de McLaren avanzó con precisión quirúrgica para tomar la victoria, su tercera en la Fórmula 1. Niki Lauda cruzó tercero, pero fue excluido por exceso de peso en el McLaren MP4/1. El podio definitivo quedó para Eddie Cheever, su primer podio en la máxima categoría al volante de un Ligier JS17.

La carrera también registró un hito estadístico: fue el centésimo Gran Premio en la trayectoria de Jochen Mass. (RG).