La carga rápida aumenta la degradación de la batería, confirma un estudio
La tasa llega a ser del 3% anual, el doble de lo que ocurre cuando la recarga se realiza con corriente alterna o a baja potencia, de acuerdo a una información divulgada por AutoIndustria.
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La autonomía y el tiempo de carga son dos factores que preocupan a los consumidores al comprar un coche eléctrico de batería.
Otro aspecto muy valorado por los potenciales propietarios y gestores de flotas es la vida útil de este componente, que aún representa casi la mitad del coste del vehículo.
BUENA NOTICIA PARA LA MOVILIDAD

Sin embargo, Geotab, empresa canadiense especializada en gestión de flotas y vehículos conectados, tiene buenas noticias para quienes abogan y se entusiasman con la movilidad totalmente eléctrica.
Los datos de la propia investigación de la empresa indican que, incluso con la popularización de la carga rápida, las baterías han demostrado un buen rendimiento a lo largo de su vida útil. La degradación anual media es de tan solo el 2,3 %.
Esta cifra, sin embargo, es superior al 1,8% registrado en la edición anterior de la encuesta, revelada hace apenas dos años.
Según Geotab, la mayor degradación se debe a los cambios en el uso de los vehículos eléctricos, pero especialmente a la mayor dependencia de la carga rápida con corriente continua (CC) y alta potencia.
Para llegar a este índice y conclusión, se analizaron las baterías de más de 22.700 vehículos eléctricos de 21 marcas y modelos diferentes utilizando datos de telemetría agregados recopilados durante múltiples ciclos operativos.
IMPACTO EN LAS TASAS DE DEGRADACIÓN

Sin embargo, la integridad de la batería se mantiene alta, incluso con los avances en la carga rápida y el mayor uso de los vehículos.
La durabilidad aún supera los ciclos de reemplazo esperados. Sin embargo, el principal cambio es que los hábitos de carga han comenzado a tener un impacto directo en las tasas de degradación, evalúa Charlotte Argue, Gerente Sénior de Movilidad Sostenible en Geotab.
Según la investigación, la potencia de carga se ha convertido en el principal factor operativo asociado al envejecimiento de la batería. Los vehículos sometidos frecuentemente a cargas rápidas con corriente continua superior a 100 kW mostraron un desgaste más acelerado.
La reducción anual promedio de la capacidad de almacenamiento en este escenario es de hasta un 3 %. Por otro lado, en vehículos con carga predominantemente de corriente alterna (CA) o con niveles de potencia más bajos, el deterioro ha sido del 1,5 % anual.
Sin embargo, Geotab señala que otros factores, como el clima, también afectan la tasa de degradación, aunque con menor impacto. En las regiones más cálidas, la degradación fue, en promedio, 0,4 puntos porcentuales mayor cada año que en zonas con climas más templados.
La encuesta también indica que no es necesario adoptar normas muy estrictas para la recarga diaria.
CON LA BATERÍA AL 100%
Los vehículos que operan con una mayor variación en el nivel de carga a lo largo del tiempo no mostraron un aumento significativo en la degradación.
El desgaste tiende a aumentar cuando el vehículo permanece durante periodos prolongados con la batería cerca del 100% (completamente cargada) o muy cerca del nivel mínimo.
Los vehículos con un uso diario más intensivo mostraron una degradación ligeramente más rápida: alrededor del 0,8 % anual, en comparación con los de uso más ligero. El efecto se considera moderado y, en muchos casos, se compensa con las ganancias operativas y financieras derivadas de mantener el vehículo en servicio.
“Siempre que sea posible, conviene optar por la potencia de carga más baja compatible con el funcionamiento. Esto puede ayudar a preservar la salud de la batería a largo plazo”, aconseja Charlotte Argue, quien recalca que la degradación es un proceso natural que reduce la capacidad de almacenamiento de la batería.
