Arnoux con el Ferrari 126C3
Un domingo 28 de agosto de 1983 en Zandvoort quedó marcado por una victoria con sabor amargo. René Arnoux llevó al Ferrari 126C3 a lo más alto del podio en el Gran Premio de los Países Bajos, escoltado por su compañero de equipo Patrick Tambay, segundo, y John Watson con el McLaren completando el trío de honor.
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Nadie lo sabía todavía, pero esa sería la séptima y última victoria de Arnoux en la Fórmula 1.
La carrera tuvo de todo. Derek Warwick llegó cuarto y le dio a Toleman sus primeros puntos en la categoría, un hito para un equipo que todavía peleaba por hacerse un lugar en la parrilla. Pero el capítulo más comentado del día fue el choque entre Alain Prost y Nelson Piquet, los dos protagonistas de la lucha por el título, que se tocaron peleando por la punta. Piquet quedó afuera en el acto y Prost, con el auto dañado, terminó abandonando poco después.
En el otro extremo del pelotón se escribía otra página de la historia técnica. McLaren debutó el nuevo motor V6 turbo TAG de Porsche en manos de Niki Lauda, que clasificó 19° y se bajó en la vuelta 25 por una falla de frenos. John Watson siguió con el motor Ford atmosférico y su tercer puesto terminó siendo un cierre de época. Fue la última vez que un auto sin turbo subió legalmente a un podio de Fórmula 1 hasta Canadá 1988, y también la despedida de McLaren de los motores atmosféricos hasta 1989.
Zandvoort 83 tiene ese sabor de bisagra que solo entienden quienes siguen de cerca la evolución técnica del deporte. Una victoria que cerraba una carrera ganadora, un motor nuevo que asomaba la cabeza y un capítulo entero, el de los atmosféricos, que empezaba a apagarse frente al avance imparable de los turbos. (RG).
