Una gran victoria alemana
Un 20 de agosto, pero de 1939: el último Gran Premio antes de que el mundo cambiara para siempre. En Bremgarten, Suiza, se corrió el último Gran Premio importante previo a la Segunda Guerra Mundial.
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Para tentar a los pilotos italianos y ponerle presión a los dominantes equipos alemanes, la organización dividió la prueba en dos mangas: una para los Voiturettes (Fórmula 2) y otra para los coches de Gran Premio, con los mejores de cada categoría avanzando a una final conjunta.
Sobre un asfalto resbaladizo por la lluvia, Mercedes-Benz impuso su ley total. Hermann Lang, campeón europeo de esa temporada, se quedó con la victoria con apenas tres segundos de ventaja sobre Rudolf Caracciola. Los W154 alemanes coparon las seis primeras posiciones, una demostración de poderío que dejaba poco margen para sorpresas.
Pero hubo una excepción que quedó grabada en la memoria colectiva del automovilismo.
El futuro campeón de Fórmula 1, Nino Farina, terminó séptimo con su Alfa Romeo 158, superando a varios Mercedes y Auto Union con mayor potencia. Una actuación que le valió la admiración generalizada, incluso en medio del dominio germano.
Aquel triunfo de Lang tiene un dato que trasciende las décadas: fue la última victoria de un piloto alemán al volante de un coche alemán hasta que Nico Rosberg ganó en el Gran Premio de China de 2012. Setenta y tres años separan ambas gestas, un testimonio de cómo la historia del automovilismo se escribe también en esos silencios prolongados entre hitos. (RG).
