F1: El primer triunfo de un turboalimentado

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El 1 de julio de 1979, en Dijon Prenois, Jean-Pierre Jabouille hizo historia al ganar el Gran Premio de Francia al volante del Renault RS10, el primer monoplaza turboalimentado en imponerse en una carrera de Fórmula 1. Fue también la primera victoria de un motor sobrealimentado desde el Alfa Romeo 159 en 1951.

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El camino hasta ese triunfo no fue sencillo. El RS01, predecesor del RS10, había debutado en 1977 con un V6 de 1.5 litros y ganó fama de poco confiable, al punto de recibir el apodo de “tetera amarilla” por su tendencia a fallar entre humo.

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Renault insistió, redujo peso, mejoró la fiabilidad y llegó al Gran Premio de Francia de 1979 con un paquete técnico maduro y competitivo.

Aquel domingo, Jabouille dominó desde la pole, aunque el protagonismo terminó repartido con la batalla histórica por el segundo puesto entre René Arnoux y Gilles Villeneuve, considerada una de las peleas rueda a rueda más memorables de la historia del campeonato. Detrás de ese duelo, sin embargo, se estaba gestando un cambio de era técnica.

Ese resultado convenció al resto de la parrilla de que el turbo era el futuro. Ferrari, BMW y Honda no tardaron en desarrollar sus propias versiones, abriendo la puerta a los motores de más de 1.300 caballos de los años 80 y marcando el principio del fin para los motores atmosféricos en la máxima categoría. (RG).