Un récord de velocidad no olvidada
Aunque hoy asociamos las altas velocidades con motores a combustión, el primer automóvil de la historia en superar la barrera de los 100 km/h fue eléctrico. Se trata de La Jamais Contente (“La Nunca Contenta”), diseñado y conducido por el ingeniero belga Camille Jenatzy.
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El vehículo, con una llamativa carrocería en forma de torpedo, fue construido en partinium, una aleación liviana de aluminio, magnesio y tungsteno. Su propulsión provenía de dos motores eléctricos con una potencia combinada cercana a los 50 kW, alimentados por baterías de plomo-ácido que representaban casi la mitad de su peso total, de 1.500 kg.
El récord se estableció el 29 de abril de 1899 en un tramo recto cercano a Achères, a las afueras de París, donde Jenatzy alcanzó los 105,88 km/h, superando así el registro previo de 92,78 km/h impuesto semanas antes por el conde Gaston de Chasseloup-Laubat. La marca se mantuvo imbatida durante tres años, hasta que en 1902 un vehículo a combustión finalmente la igualó y superó, marcando el inicio de la hegemonía del motor de nafta durante todo el siglo XX.
Apodado “el Diablo Rojo” por el color de su barba, Jenatzy pasaría luego a la historia también como piloto de autos a combustión, ganando la Copa Gordon Bennett de 1903 al volante de un Mercedes. Hoy, La Jamais Contente se exhibe en el Museo del Automóvil de Compiègne, Francia, como testimonio de que la movilidad eléctrica no es una tendencia reciente, sino que estuvo presente desde los propios orígenes del automovilismo. (RG).
