Recordando a Henri Toivonen
Un 2 de mayo de 1986, en el kilómetro 7 del tramo Corte-Taberna del Tour de Corse, el mundo del rally perdió a uno de sus talentos más brillantes: Henri Toivonen, junto a su copiloto Sergio Cresto, falleció al salirse de la carretera con su Lancia Delta S4 del Grupo B, que se incendió tras impactar contra un árbol.
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El Delta S4 que pilotaba era la máquina más radical del Grupo B: motor 1.8 turbo con sobrealimentación combinada (turbo + compresor mecánico), cerca de 500 CV y una aceleración de 0 a 100 km/h en poco más de 2 segundos. Toivonen lideraba la prueba con más de 5 minutos de ventaja sobre Bruno Saby cuando el auto abandonó la carretera en una curva a izquierda sin marcas de frenado.
No hubo testigos directos y las causas exactas -fallo mecánico en el acelerador, un desvanecimiento del piloto tras un accidente previo en 1985, o simplemente el límite humano ante un auto que exigía demasiado- nunca se determinaron oficialmente.
A las 22 horas del accidente, la FISA prohibió el Grupo B para la temporada 1987, cerrando de manera abrupta la era más extrema y peligrosa del Mundial de Rally. Audi y Ford se retiraron de inmediato; Lancia hizo lo propio en esa misma prueba. El campeonato de constructores, que Lancia tenía encaminado, terminó en manos de Peugeot.
El accidente de Toivonen y Cresto, sumado a la tragedia de Rally Portugal semanas antes, marcó el fin de una filosofía técnica sin límites y el inicio de una era donde la seguridad pasó a ser tan prioritaria como la performance. Treinta y nueve años después, esa curva en Córcega sigue siendo uno de los símbolos más recordados de los riesgos que definieron al automovilismo de los años 80. (RG).
