F1: El Campeonato Mundial de Constructores

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Cuando nace el Campeonato Mundial de Conductores de Fórmula 1 en 1950, el reglamento técnico se apoyaba en un principio bastante simple: una relación de 3 a 1 entre los motores aspirados y los sobrealimentados. Esa proporción definía el límite de cilindrada para ambos tipos de propulsores.

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En la práctica, esto significaba un máximo de 4.500 cc para los motores atmosféricos y de 1.500 cc para los que contaban con compresor. La normativa, heredada de las reglas de voiturette de la preguerra y ratificada por la FIA en 1946, no imponía límites de peso ni de carburante, dejando a los constructores un margen amplio de libertad técnica. El único requisito estructural obligatorio era el diseño monoplaza.

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Este marco regulatorio liberal explica en parte la coexistencia de filosofías tan distintas como el Alfa Romeo 158 sobrealimentado y el Ferrari 375 atmosférico, que recién llegaría para desafiar la hegemonía italiana de los compresores hacia 1951.

Aquellas reglas de 1950 siguen siendo un punto de referencia obligado para entender cómo la Fórmula 1 fue moldeando, década tras década, un reglamento cada vez más restrictivo en busca de equilibrio deportivo y seguridad. (RG).