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Antes de los toros embistiendo en la grilla, hubo motores recuperados de la guerra. Así nació el primer Lamborghini: no un superdeportivo, sino un tractor.

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Terminada la Segunda Guerra Mundial, Ferruccio Lamborghini detectó una necesidad urgente en la región de la Bassa, en Emilia-Romaña: maquinaria agrícola económica y robusta para pequeños productores.

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Sin capital para fabricar desde cero, recurrió a los centros ARAR, que vendían material bélico en desuso, y combinó motores y diferenciales de camiones militares con un motor Morris de seis cilindros.

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El resultado fue el tractor “Carioca”, presentado el 3 de febrero de 1948, justo el día de San Biagio, patrono de la ciudad de Cento. Ese mismo año fundó Lamborghini Trattori.

El negocio agrícola creció con fuerza: de apenas una unidad semanal en sus inicios a 200 tractores anuales hacia 1950, y hasta 1.500 por año en 1958, gracias también al modelo L33, primera evolución íntegramente fabricada por la compañía.

Ese capital, sumado a la pasión de Ferruccio por los autos rápidos, fue el cimiento financiero que en 1963 le permitió fundar Automobili Lamborghini y presentar el 350 GTV en el Salón de Turín.

La historia confirma algo que el deporte motor repite una y otra vez: la innovación rara vez nace de la abundancia. Nació de la escasez de posguerra y la necesidad de hacer rendir cada pieza disponible. El espíritu de ingeniería que después definiría a los Lamborghini de carretera ya estaba presente en aquel primer tractor armado con piezas recicladas. (RG).

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