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El 8 de julio de 1984, en el inaugural y único Gran Premio de Dallas, Nigel Mansell protagonizó una de las imágenes más recordadas de la Fórmula 1: empujando su Lotus-Renault hasta desplomarse por agotamiento a metros de la meta.

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El británico había logrado en Texas su primera pole position en F1 al volante del Lotus 95T, y lideró buena parte de la carrera sobre un trazado urbano de Fair Park que se desintegraba bajo un calor extremo -el asfalto llegó a superar los 65°C-. A pocas vueltas del final, un toque contra el muro le dañó la caja de cambios y lo dejó sin motor.

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Lejos de retirarse, Mansell bajó del auto y comenzó a empujarlo hacia la bandera a cuadros bajo temperaturas que rondaban los 40°C. El esfuerzo lo superó: se desplomó por agotamiento físico a pocos metros de la línea de meta, pero igual fue clasificado sexto, sumando un punto al campeonato.

La carrera, ganada por Keke Rosberg con Williams-Honda -su único triunfo de la temporada-, terminó siendo un episodio tan extremo que Dallas nunca volvió a integrar el calendario de la Fórmula 1. La imagen de Mansell desfallecido en el asfalto texano sigue siendo, cuatro décadas después, sinónimo de coraje en la categoría. (RG).