Compartí este artículo!

Niki Lauda, tuvo su regreso milagroso en Monza el 12 de septiembre de 1976.

Recibí las noticias en tu celular: Canal de WhatsApp Motorpy

El 1 de agosto de 1976, el Ferrari de Niki Lauda se incendió en la Nordschleife del Nürburgring. Quemaduras graves en rostro, cabeza y manos, pérdida de parte de la oreja derecha, inhalación de gases tóxicos y daño pulmonar severo. Le administraron la extremaunción. Cuarenta y dos días después, volvió a correr en Monza y terminó cuarto.

Publicidad
Diesa
banner

Con vendajes, cicatrices y un casco especialmente adaptado para mitigar el dolor, Lauda se presentó en el paddock del Autódromo Nazionale como si el tiempo transcurrido hubiera sido una semana, no seis semanas de UCI y reconstrucción física. Lo que nadie vio fue el pánico real: “Cuando entré al cockpit, me asaltó un ataque de terror que destruyó toda mi voluntad”, confesó años después. La ingeniería mental fue tan determinante como cualquier ajuste aerodinámico.

Al momento del accidente, Lauda llegaba a Monza aún con ventaja en el campeonato, solo dos puntos por delante de James Hunt, a quien le había sacado 14 puntos antes de perderse las dos carreras anteriores. Ese año perdería el título por un solo punto tras retirarse en la lluvia de Japón, pero ya había ganado la más importante: la de la vida.

El regreso de Lauda en Monza ’76 no fue solo un acto de voluntad individual: aceleró el debate sobre la seguridad en la F1 y expuso las contradicciones de una era en que los pilotos corrían en circuitos que ellos mismos pedían clausurar. Jackie Stewart, presente en el autódromo, recordó: “La sangre le corría por el casco”. La F1 moderna le debe parte de su arquitectura de seguridad a aquel fin de semana. (RG).