Alberto Ascari en el Principado

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22 de mayo de 1955. Gran Premio de Mónaco. El nombre de Alberto Ascari quedó grabado en la historia del Principado no por una victoria, sino por uno de los accidentes más insólitos en la historia de la Fórmula 1: su Lancia D50 traspasó los sacos de arena en la chicane del puerto y se precipitó al Mediterráneo.

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La carrera había comenzado con Juan Manuel Fangio dominando al volante del Mercedes W196, pero un eje trasero doblado forzó su abandono temprano. Stirling Moss, su compañero de equipo, asumió el liderato hasta que su motor cedió en la vuelta 81. Ascari, que corría para Lancia, estaba a punto de heredar la cabeza de carrera cuando un derrape inesperado en la chicane lo lanzó contra las barreras y directamente al mar.

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El doble campeón del mundo -títulos en 1952 y 1953 con Ferrari- emergió del agua con apenas una fractura en la nariz y varios dientes rotos. Maurice Trintignant aprovechó el caos para llevar su Ferrari 625 a la victoria, con Eugenio Castellotti segundo para Lancia y Jean Behra tercero junto a Cesare Perdisa compartiendo el Maserati 250F. Ascari, lejos del drama, bromeó diciendo que quizás su suerte comenzaba a agotarse.

Cuatro días después, el 26 de mayo de 1955, Alberto Ascari falleció en Monza probando un Ferrari 750 Monza Sport de un compañero. Las circunstancias del accidente permanecen sin explicación técnica definitiva hasta hoy. Su superstición sobre el número 26 -murió a los 36 años, en el mismo día del mes que su padre Antonio Ascari en 1925- añade una dimensión casi mítica a su legado. (RG).