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Valentino Rossi debutó al volante de un Ferrari de Fórmula 1 el 21 de abril de 2004 o sea hace 22 años en el circuito privado de Fiorano, y el cronómetro habló de inmediato: el nueve veces campeón del mundo marcó un 59.1 segundos en su primera toma de contacto con un monoplaza.

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El «Doctor» pilotó el Ferrari F2004 -el mismo coche con el que Michael Schumacher arrasaba en el Mundial- y se quedó a apenas 0,7 segundos del alemán, sin experiencia previa en coches de cuatro ruedas y hasta luciendo uno de los cascos de repuesto de su compañero de prueba.

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El ingeniero Luigi Mazzola, que supervisó la sesión, recordó que Schumacher miraba los datos del telemetry con cara de incredulidad.

El dato no era menor: un piloto de MotoGP, en su primer día en un F1, igualando el ritmo de referencia del mejor de la época. Eso disparó una ola de especulaciones que se prolongaría durante años, alimentadas por pruebas posteriores en Mugello (2005), Valencia (2006) y Barcelona (2010), y por la confirmación del propio Rossi de que llegó a tener una opción contractual para correr con Ferrari en 2007.

Aquella jornada en Fiorano fue el primer capítulo de una historia paralela que nunca se escribió del todo: la de un corredor capaz de dominar cualquier categoría, pero fiel a sus dos ruedas. Hoy, en la era de los pilotos de doble carrera y del intercambio Hamilton-Rossi de 2019, aquella prueba sigue siendo la más deslumbrante pregunta sin respuesta del motorsport italiano. (RG).